El estremecedor relato de un niño refugiado tras cruzar el mar en balsa

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Más de 5.000 muertos en el Mediterráneo el pasado año. Anhelaban llegar a Europa. Ansiaban un mejor porvenir. Lejos de la guerra. Huyendo del abuso. Escapando a la desigualdad. Marcharon en busca de vida, pero se toparon con más muerte. El pequeño Sabre Mohamed pudo ser uno de ellos. La fortuna estuvo de su lado una fría mañana de marzo.

Alrededor de 60 personas iban a bordo de una balsa hinchable. El origen del trayecto era la ciudad turca de Esmirna. El destino, la isla de Chios, en Grecia. Como la mayoría, tuvieron que pagar sus ahorros a las mafias para poder cruzar la frontera arriesgando su vida. Sabre, que sumaba 10 años en aquel momento –actualmente tiene 12–, viajaba junto a sus padres, Kawa y Zeinab, su hermana Silva (9) y su hermanito Hammad (6). Tuvieron mucha suerte.

Un viaje trágico

El balloon –como llaman ellos a la balsa– iba repleto de gente asustada, que nunca había subido a una embarcación de ese tipo. Al timón, probablemente, iba otro refugiado que perseguía lo mismo que ellos: la libertad. Las mafias abaratan el precio a quienes se prestan a conducir.

La balsa en la que navegaron Sabre y los suyos fue la primera en partir. Tras muchas horas en alta mar –son incapaces de calcularlo, pero se hace eterno–, llegaron a buen puerto. Alcanzaron la costa de Chios y estallaron de felicidad, todavía presas del pánico.

Las otras balsas volcaron

No corrieron la misma suerte las otras dos embarcaciones que salieron tras ellos. Ambas iban tripuladas por otras 60 personas cada una. Las dos balsas volcaron debido a las fuertes corrientes y a la escasa pericia de los timoneros de turno. “Todo el mundo murió”, asegura Sabre, en un mejorado inglés –en verano no hilaba ni dos palabras–, durante un vídeo al que ha tenido acceso La Vanguardia a través de la asociación Barcelona Human Aid – Wake Up For Refugees!

Ellos siguieron su camino. Durante algunos meses vivieron en Idomeni, el campamento improvisado que se formó al norte de Grecia, en la frontera con Macedonia, y que llegó a albergar a más de 8.000 personas. Idomeni fue desalojado el pasado mes de mayo.

Tras el desalojo, la mayoría de los refugiados que allí vivían fueron concentrados en otros campamentos, más pequeños, dispersados por el norte de Tesalónica. La familia de Sabre, sirios de etnia kurda que vivían en Alepo, fue a parar al campo de Kalochori, un pequeño municipio contiguo a la segunda ciudad más poblada de Grecia. Llevan allí desde el pasado verano.

Estancados en Kalochori

Actualmente viven 127 personas en Kalochori. La mayoría procedentes de Siria, salvo una familia turca y un joven iraquí. Todos son kurdos. La asociación catalana Barcelona Human Aid colabora desde hace meses en este campamento proveyendo comida, ropa, gasolina para los calentadores, regalos y pasteles de cumpleaños a los niños, tratamientos dentales y todo tipo de ayuda.

Las últimas informaciones apuntaban a que el campo iba a ser clausurado el pasado 9 de febrero, pero finalmente el desalojo se alargará unos días. En estos momentos el sistema de calefacción funciona muy bien y las familias prefieren seguir en el campo a ser trasladadas a apartamentos u hoteles en condiciones deplorables.

Los hermanos Hammad y y Silva en Kalochori
Los hermanos Hammad y y Silva en Kalochori (Víctor Malo)

La familia de Sabre es una de las que aguantan en Kalochori –donde se acumularon más de 400 personas en verano–, pero no cesan de perseguir su sueño: conseguir el pasaporte para viajar a Alemania, donde esperan comenzar una nueva vida mejor.

(Tomado de La Vanguardia)

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