Impunidad y silencio. La inocencia es una gran mentira en Cuba

niño

A veces los seres humanos necesitan realizar exorcismos valiéndose de la palabra para arrancarse de bien dentro historias oscuras que parecían que nunca saldrían a la luz. A veces es necesario vomitarlo todo para desterrar testimonios del alma y poder caminar en paz aún cuando esa especie de saneamiento espiritual sea doloroso. Esta es la historia de aquel niño que sufrió vejaciones y violaciones sexuales en una Cuba que de tanto brillar no permitía a los de afuera ver la realidad de adentro. Muchos pensarán que podría tratarse de un hecho aislado. Pero algún día esa Cuba mostrará su verdadero de rostro. El rostro del sufrimiento de los niños que fueron violados en sus colegios, que se suicidaron porque no podían más. Porque siempre, absolutamente siempre, habrá alguien para contarlo.

 

“Señor, puesto que soy fango en tu mano, déjame ser lo que soy, en paz.
-Guarda tu cielo azul y tus estrellas;
guarda tu luz, tus ángeles, tus llamas.
Soy fango nada más.
Y no me soples.”
Dulce María Loynaz

 

Por Guillermo Morales Catá.

 

El Internado Marta Abreu aún huele a abadía, a rosas, a nombres. Cada vez que pasaba por aquel lugar podía ver, como fantasmas, a años enteros de inocencia arrancados por ese Dios que, al menos durante esos años, le dio la espalda y, si estuvo con él, estuvo en su espalda y no en su pecho, iluminándole el camino o los pasillos, cada rincón de la escuela.

Dios no existió para entonces, apareció después cuando ya nada era posible.

El Internado Marta Abreu era una de las tantas instalaciones que el Estado cubano había destinado a los niños que quedaron sin familias o que, por alguna razón, fueron abandonados por sus padres. Eran las casas de los niños “Valdés” del “proceso revolucionario”. En el corazón de Cuba, en Santa Clara, justo en la misma ciudad donde descansan –si es que descansan- los restos del Che Guevara, todavía hoy, cuando escribo estas líneas, me aseguran que allí sigue esta escuela.

Detrás de aquella benéfica fachada, se escondían historias dramáticas, trágicas, espeluznantes, terribles, horrorosas, sobrecogedoras. Cada niño tenía una historia que contar y un pasado triste por revelar. Cada maestro tenía una anécdota de la cual arrepentirse antes de morir y cada cocinero un cuento que decir sobre el robo de los alimentos, la adulteración de los productos…

Peor aún, las autoridades sabían que las historias que se contaban de lo que pasaba en aquella escuela no eran leyenda sino hechos reales. Sin embargo, todo el mundo guardaba silencio sin mediar pacto alguno. No, no había pacto de silencio; sencillamente omisión, disimulo, ocultación, sigilo, misterio, prudencia, discreción, circunspección y a saber por qué.

La Escuela y Ponce. Ponce se creía capataz y obligaba a otros niños a “darle cariño” (así decía) en su largo y prominente órgano sexual masculino. Ponce podía decidir quién podía ver o no los dibujos animados infantiles que se importaban de un país llamado “Unión Soviética”. Por eso él nunca le dijo nada a la abuela ni a la tía. Le “daba cariñito” al pene de Ponce, un negro semi-rretrasado mental que había repetido el
sexto grado no se sabe ni cuántas veces. Ponce era un negro delgado, bien alto, de unos 17 años. A esa edad debería haber estado en el duodécimo grado pero aún permanecía en el Internado.

Él quería ver la televisión y por eso aceptaba las condiciones del negro porque si no, además, Ponce le pondría de castigo, con piedrecitas debajo de las rodillas. Nadie sabía lo que era llevar la cruz en la espalda. ¡Y después dicen, Cristo, que sufriste! Nadie supo cuánto lloró cuando Ponce le obligó a recostarse en la pared del baño para
introducirle aquella cosa larga, gruesa, violácea, fétida. El olor aún lo recordó cuando pasó por última vez cerca de la escuela; como recuerda aquellos dientes blancos, blancos, muy blancos, albugíneos, que parecían masa de corojo. Dientes blancos pero con un sarro extraño, único.

Ese era Ponce. Aquel que parecía sumirse en placer extremo mientras le introducía aquella cosa. -“Si lloras, no vas a ver los muñequitos y te voy a poner piedrecitas en las rodillas”- le decía. Pero él sólo lloraba sin sonido, si acaso el sonido de las lágrimas porque sus lágrimas sí que lloraban y gritaban mientras él se mordía los labios. Sollozo, desconsuelo, frustración. Sabía que desde entonces ya nada iba a ser igual.

Fue así como, a los siete años de edad, quedó marcado para siempre y sumido en la desesperación de contarle aquella historia a alguien. Quiso suicidarse pero no tuvo fuerzas cuando Ponce dejó de poseerlo. El impulso de suicidio que se experimenta cuando se vive un momento trágico y muy doloroso era pesado, tan pesado, incómodo, insoportable.

Sintió sentirse desgarrado por dentro. Sintió que sus intestinos no servirían para nada más. Se daba asco y aversión de sí mismo cuando se miraba todo marcado en el cuello, en el pecho tierno; y golpeado en el rostro cuando fue empujado contra las racholas del baño. Tendría luego que decir que, “me caí de la cama por la noche”. Y así fue, porque cuando por fin lo dijo a la directora del Internado le reprimieron y castigaron. “Fantasioso” le llamaron. “Y más vale que no digas nada a nadie”, fue la amenaza.

Con el tiempo entendería que aquello tenía un nombre: rabia, impotencia, ira, cólera, enojo, furia, furor, exasperación. Fue justo allí en aquel baño colectivo donde el pudor nunca asomó su cara. Fue una madrugada, mientras los otros “hijos de la Patria” dormían. Él arañaba con la yema de sus dedos las racholas sucias del baño, de ese baño al que nunca más quiso entrar a no ser porque la educadora Fedora (nunca olvidaría ese rostro ni esa barbilla llena de pelitos) con el cinturón en las manos ponía a todos los niños en fila india desde la puerta del pabellón hasta el baño, con las toallas amarradas a las cinturas, sin poder mirarse los niños, sin apenas hablar porque si no “Ponce se encargará de ustedes”.

Ponce era el monstruo para amenazar a los niños. Aquella sabandija. Aquel gusarapo. Una alimaña disfrazado de ser humano. Malo, malvado, pérfido, perverso, dañino, canalla. Decir Ponce era sentir pavor. Cuando le tocaba su turno se rajaba a llorar. Pero Fedora lo obligaba a entrar allí, era como entrar, conscientemente, a la cámara de gas.

Pero, por supuesto, él no era el único que lloraba. Nunca le preguntó a Alejandro pero igual sucedía con él. Ese otro niño del pueblecito de Esperanza, muy cerca de Santa Clara, reaccionaba igual al baño. Se miraban los dos mientras se duchaban, sólo que Alejandro lloraba cuando el agua de la ducha comenzaba a caer sobre la cabeza, para que se confundieran el agua y el llanto.

Nunca se dijeron palabra alguna pero estaba seguro que Alejandro también sabía lo que era arañar con la yema de los dedos las paredes sucias del baño. Los ojos verdes de Alejandro parecían navegar en un mantón rojo escarlata.

Años más tarde, cuando se hizo periodista, recibió una llamada telefónica de un compañero de aula del Internado Marta Abreu. Luisito se nombraba quien le hizo la llamada. Él sintió, primero, desprecio y desconcierto. Sabía que Luisito había sido uno de sus amigos de infancia y de tragedia pero no se sentía preparado para recordar historias.

“Lo que pasa es que, entre otras cosas, quiero contarte mi historia. Me despidieron del Banco donde trabajaba porque se enteraron que yo era Testigo de Jehová”, le dijo Luisito.

“Está bien, Luisito. Nos vemos esta misma tarde en los bajos televisión, a las dos”, respondió él.

Allí se encontraron y se abrazaron. Se echaron a llorar juntos y recordaron feas historias. Según Luisito, Ponce había muerto de Sida. Y “el cabezón” murió en prisión. Pável falleció de Leucemia. Lisbeth se hizo prostituta. Sandra llegó a licenciarse en Medicina como cirujana pero ahora conducía un taxi. Sergio era gerente de una empresa que atendía a turistas. Manuel se hizo famoso en Madrid haciendo un
documental sobre la vida de los homosexuales en la Isla. Reynaldo se hizo militar y murió en una batalla en Angola…

Esta la historia de alguien; no importa quién. Esta es la historia de muchos. Esa sí importa. Y llegará el momento en que los culpables pagarán por guardar silencio porque esa luz de aquella Cuba que ha cegado a tanta gente, algún día se apagará.

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29 Respuestas

  1. Humberto Sergio Carmona dice:

    solo puedo decir que he sentido mucha impotencia y me he sentido muy triste al leer esta historia.

  2. Alicia Mena dice:

    Un testimonio desgarrador.

  3. Gema Blanquer dice:

    Sin palabras. Sólo se me ocurre instaurar la pena de muerte para casos de abusos hacia los más débiles, ya sean niños, viejos o animales!!!

  4. Javier Portalés dice:

    Estas cosas deben investigarse y llevar a la justicia, como debe de hacerse en la historia reciente de tantos pueblos, como en España donde aún campan a sus anchas asesinos y violadores, donde jamás fueron juzgados. Sí que pasó en Argentina y no pasó en Chile. No conozco si en Paraguay o en otros lugares (Antigua Yugoslavia, Africa, CAmboya, hay tantos…) Espero y deseo que en tu tierra se consiga limpiar todo aquello que haya sido delito Guillermo. Aquí cerca, en Irlanda se consiguió hace poco también desvelar casos de violencia brutal (con la connivencia de la sociedad) contra los niños http://www.abc.es/…/abci-ninos-enterrados-convento…

  5. Rafa dice:

    Joder qué triste testimonio. Llegará el día en que salgan a la luz pública muchas historias como estas y que no se por qué se guarda silencio

  6. Alberto dice:

    Me he quedado sin palabras, no se ni que decir

  7. Cristina Lozada dice:

    No he podido parar de llorar. Me ha dolido esta historia

  8. David Aguero dice:

    oiga Guillermo, creame que en el reino de los cielos todos los culpables siempre serán juzgados. No podemos callar estos atropellos contra los niños

  9. Norma Colmenar dice:

    Usted sabe contar las cosas de una manera que uno no puede eviatr llorar al leer este testimonio. Le felicito por este artículo y creame que algun dia se hara justicia

  10. Eduin Dotel dice:

    Es muy fuerte este tipo de historias. No podemos olvidar que en muchos paises suceden esas cosas aun cuando se supone hay democracia y leyes para castigar ese tipo de aberración. Me imagino en cuba con todo ese miedo a denunciar o al temor de no ser escuchado y tener represalias. Espero que todo se pueda aclarar y sea como el título de aquel libro que dice “Al final del tunel hay una luz”.

  11. Ramiro dice:

    oiga dejese usted de payasadas que en Cuba estas cosas no suceden. Gusano.

  12. Helen Casado dice:

    un terrible dramón y usted lo cuenta de una manera que parece ser verídica la historia. Como usted dice, algún día saldrán a la luz todas estas historias.

  13. Rolandito dice:

    me parece realmente abusivo que esto pase en todo el mundo, pero un país como cuba que se llena la boca de decir que allí los niños son felices…

  14. Jannette Valle dice:

    Espelugnante historia que bajo ningun concepto debe quedar impune……

  15. Maika Diaz dice:

    Es desgarrador! !

  16. Teresa Falcon dice:

    Mientras existan mentes depravadas, gentuza desmoralizada, y abjetivos despreciables de todo tipo que ocuparían una larga lista, esto seguirá sucediendo en escuelas en casas particulares y en todo tipo de lugar, esto desgraciadamente pasa en el mundo entero, Hay que poner remedio , pero cuál???

  17. Maria Julia Gòmez dice:

    Desgarrador

  18. Henry Mena dice:

    qué abuso con esos niños. Algún día tendrán que pagar ese gobierno por todos esos abusos.

  19. Davinia López dice:

    estimado señor guillermo, su relato me ha hecho llorar y lamento profundamente esta historia. le felicito por denunciar con este artículo esta realidad.

  20. Idalmis Menendez Lopez dice:

    De la misma forma que guardan silencio con muchas cosas, tmb los militares muchos eran y son unos pervertidos sexuales que abusan y tienen sexo con menores de edad … pero no pasa nada. Yo vivía detrás de Miño y al lado hay un edificio del MININT y por ahí hay muchos edificios de la FAR y esos hombres eran tremendos, uno que vivía en mi barrio tocaba a las niñas y lo denunciaron y nada, pq llevaba estrellas sobre los hombros de su uniforme.

  21. Geidy Cruz Valle dice:

    Realmente mientras leia esta historia,mi cuerpo comenzo a sentirse mal.He terminado llorando.Estas cosas no pueden quedarse en el éter.Tienen que pagar todo ese sufrir.

  22. Mariaje De la Torre dice:

    Completamente repugnante!!!!

  23. Ofelia Sarli Alvarez dice:

    No existen palabras en él diccionario,para esto tan terriblemente HORRIBLE. !!!!lo qué han tenido qué pasar éstas CRIATURAS,cada vez qué oigo y veo estás cosas !!! En muchas ocasiones he pensado ???..no debí haber nacido nunca ,así no hubiese visto tanto sufrimiento en ésta tierra…..ya puedes imaginar cómo estoy

  24. Idania Martinez dice:

    Es repugnante el abuso y las violaciones al que someten a los más pequeños, precisamente por su indefensión en todas partes del mundo. Cuba es un caso más, donde hay gente repulsiva capaz de atentar contra la integridad infantil. De todos modos hay que hacer pagar a los culpables donde quiera que estén! Tengo en mi familia un caso muy cercano de un individuo que quiso abusar de una sobrina y de una amiguita suya, cuando solo tenían 10 añitos, y las niñas no callaron, lo denunciaron a sus padres y estos a la policía. Conclusión: 3 años de prisión para ese parásito, aunque ni siquiera las tocó, solo se exhibió y poco más, pero así se empieza. Recibió su merecido, por eso no hay que temer a denunciar, y hay que observar y seguir de cerca la conducta de los hijos. Cualquier cambio puede ser una señal..

  25. Maria Teresa Pedro Agramunt dice:

    Son unos criminales asquerosos y no merecen vivir . No a la pena de muerte , pero si prisión de por vida ya que cuando salen lo repiten . Deberian estàr las fotos de esos asquerosos en todas partes para que no puedan seguir campando a sus anchas !!!

  26. Mirta Ruiz dice:

    mi querido Guille es una historia triste pero muy cotidiana desde que el mundo es mundo…ésta la sacaste a relucir cuando llegó a ti y con tu hermosa forma de decir has contado algo sucio e inenarrable…en todos los pueblos hay una escuela de esas con diferentes nombres segun donde esten y a quien hayan sido dedicadas…en la actualidad se llama El Mundo o Bulling o simple placer….la sociedad se ha ido conformando de tal manera que da asco hasta pensar en ella…Dios no tiene la culpa…el hombre hace lo que estime conveniente a su libre albedrío…hay quienes cogen las sendas correctas y hay quienes se desvían…puedes elegir entre amar y odiar…yo escogí amar, hay otros que escogieron odiar…yo escogí olvidar lo malo, hay quienes escogen machacarse recordandolo y llenandose de resentimiento…lo que no tiene remedio ,olvidarlo es lo mejor…en Cuba hay muchas mas cosas sucias que sacar a la luz pero valdrá la pena? o será mejor intentar crear una Cuba mejor, con mas valores morales y espirituales aunque cuesten mas esfuerzos? no sé niño mio…esos Ponce han existido en todas partes, desde lo mas alto hasta lo mas bajo….debe estar muerto o quizas rrecordando para que le sirve lo que le cuelga que ni para orinar sirve…la vida siempre pasa la cuenta….los quiero mucho, cuidense de todos los Ponce o de quien se les parezca, son diablos,que aparecen haciendo daño de disintas formas…un abrazo grande, mis bendiciones y un beso

  27. Mayling La Perla del Caribe dice:

    Que triste,que impotencia, que rabia!!!!!

  28. Fe Antelo dice:

    Que horror!! Cuantos sufrimientos pasaron!!!

  29. Marcos dice:

    Que triste historia. Ojalá algún día todos los culpables paguen por lo que hacen

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