Los casos de asesinato protagonizados por los más jóvenes que han conmocionado a los españoles.

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El chico de la katana. La mañana del 1 de abril de 2000, José Rabadán, de 16 años, atacó con una katana a sus padres y a su hermana pequeña hasta matarlos. La policía encontró sus cuerpos exangües, con los cráneos abiertos y los cerebros esparcidos por el suelo entre charcos de sangre. Contabilizaron más de 70 golpes.

Las brujas de San Fernando. Raquel e Iria, de  17 y 16 años, mataron a puñaladas a su compañera de clase Clara García sólo para descubrir lo que se sentía. Clara representaba todo lo que ellas odiaban: una chica normal, con amigos, novio y proyectos de futuro. Su total ausencia de arrepentimiento se demuestra durante la noche del crimen. Tras el asesinato, las dos amigas se fueron de copas y al encontrarse con el novio de su víctima, que les preguntó por ella, respondieron entre risas: “Nos ha dejado plantadas”.

El asesino del rol. Javier Rosado, estudiante de Químicas de 21 años, asesinó en 1994 a Carlos Moreno, un transeúnte seleccionado al azar. Rosado contó con la ayuda de Félix Martínez, que por entonces tenía 17 años y sentía cierta fascinación por su amigo. En el juicio, Rosado, que apenas hizo por defenderse, alegó: “Los forenses dijeron que había un tipo de heridas hechas con más entusiasmo y con un cuchillo grande y otras más pequeñas , hechas con menos fuerza y con un cuchillo más pequeño. Según ellos, el arma grande provocó el 90% de la muerte y el arma pequeña sólo el 10%. Pues el que llevaba el cuchillo pequeño era yo. Es decir, que tenía menos ansias de matar”.

El Rafita. En mayo de 2003, cuatro jóvenes con edades comprendidas entre 14 y 19 años secuestran y violan a una joven discapacitada de 22 años llamada Sandra Palo. Como no quieren que les reconozca deciden atropellarla, lo que hacen hasta en siete ocasiones y como no logran matarla, la rocían con gasolina y la prenden fuego. Sólo uno de los autores, el Malaguita, cumplió condena de cárcel por el crimen. El Rafita, con sólo 14 años en el momento del crimen, pasó cuatro años de internamiento y fue puesto en libertad, tras lo cual siguió delinquiendo de forma habitual.

Miguel Carcaño. Asesino confeso de Marta del Castillo, su resistencia a la hora de decir donde enterró el cadáver y su costumbre de cambiar a menudo su versión de los hechos – ha dado hasta nueve distintas –ha exasperado a la opinión pública, muy sensible ante este asesinato. Aunque el crimen no fue premeditado, Carcaño y sus amigos han sido capaces de borrar todas las pistas, de modo que siguen existiendo dudas sobre lo que ocurrió aquella noche y el cuerpo de Marta sigue sin aparecer. 

El descuartizador de Cádiz. En el mes de enero de 1989, Juan Martín Montañés, un estudiante de Medicina de 22 años quedó con su amigo Javier Suárez Samaniego, estudiante como él e hijo de un importante arquitecto de Cádiz. Ya en su casa, Juan vendó los ojos de Javier con la excusa de realizar una prueba acústica y le golpeó con fuerza en la cabeza. Después le acuchilló en el corazón y troceó su cuerpo para deshacerse de él, guardando su mano derecha en formol, pues en sus planes estaba pedir un rescate a sus padres, enviándole un dedo del rehén por cada día de retraso.

El crimen de Alcacer. Antonio Anglés, de 26 años, se convirtió en la década de los noventa en el hombre más buscado de España. Todavía en paradero desconocido, este delincuente común fue considerado el asesino material de las niñas de Alcaser, Toñi, Miriam y Desiré, que desaparecieron en noviembre de 1992 cuando trataban de llegar a una discoteca de Picasent. Sus cuerpos fueron encontrados dos meses después, semienterrados y con síntomas de haber sido violadas y torturadas. Su compinche Miguel Ricart fue juzgado y condenado por el crimen.

El asesinato del Ñoño el Pelón. En septiembre de 1998, dos gamberrillos de Jaén, Kike y el Tomate, mataron a su compinche Antonio ‘el Pelón’, de sólo 12 años, al que usaban para colarse en las casas y robar. Un año antes, Antonio, al que habían dejado tirado tras un robo, dio el nombre de Kike a la Policía y este, que ya acumulaba denuncias, fue internado en un centro de menores. Al quedar en libertad, Kike y su amigo quedaron con el pequeño Ñoño, al que rebanaron el cuello con un cuchillo, después de sodomizarle con un palo y golpearle con piedras.

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1 Respuesta

  1. Marco dice:

    Me parecen terribles los relatos. Parecen de películas y no reales.

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