Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo

Más tranquilos ya, tras dos días de muy intenso trabajo en el Congreso de Inmigración, Extranjería y Nacionalidad celebrado en Madrid, se me aparece Galeano, navegando entre las circunvoluciones de mi cerebro, como reproducido; multiplicado, como para hacerse oír. Recordándome aquella célebre frase de “Mucha gente pequeña, en lugares pequeños, haciendo cosas pequeñas, puede cambiar el mundo”.

Y es que es cierto. En dos días de intercambio de experiencias; de ponencias magistrales, en medio de un mundillo complicado como es el de la extranjería y la nacionalidad española, me reencontré y conocí a personas estupendas, talentosas. Gente preparada que al escucharle, al conocer de su trabajo, podía sentir que se dejan la piel en lo que hacen.

Es verdad que tuve el privilegio de compartir espacio en la Ponencia Marco sobre Nacionalidad junto a Dña. María del Mar López Álvarez, Subdirectora General de Nacionalidad y Estado Civil. Pero no fue eso lo único bueno que me llevo del Congreso.

Salí del Congreso, encendido, contaminado, nutrido de muchas experiencias. También salí con los humos bajados. Demasiado talento junto; demasiada gente comprometida con lo que se hace. La cosa no fue de togas; entre otras cosas porque había gente como yo que ni la tiene ni la usa. El encuentro fue de cómo nutrirnos de conocimientos y experiencias para poder darle mejores soluciones a nuestros clientes.

Personas venidas de todas partes de España que hacen un trabajo estupendo y que en lugar de guardarse sus experiencias las comparten; porque somos conscientes que juntos sumamos.

Quiero desde aquí agradecer a Estela, al Grupo Aristeo y a la Asociación Inmigrantes sin Fronteras, el incuestionable esfuerzo realizado para poder juntar a tanta gente en un espacio. Gracias a todo su equipo porque organizar mejor el Congreso hubiera sido imposible.

Gracias a los ponentes por ilustrarnos, con humildad, sus conocimientos. Gracias a Ana Torres, abogada de Granada, por su exposición en el Régimen Comunitario. A la catedrática Aurelia Álvarez por bajarnos a la tierra sus conocimientos de altura. A Rosa Durán Gamero  quien junto a Vladimir Núñez Herrera por hacernos más entendible el Derecho Penal aplicado a extranjería. Gracias a Neyvi por convertir en práctico el complejo camino de  la Ley de Emprendedores. Infinitas gracias a Cristina Isacura por ilustrarnos el complejo tema de los venezolanos.

Mi agradecimiento, muy especial, a mi compañera de despacho, la Doctora Guadalupe, porque estoy convencido que su exposición sobre la Familia Extensa (Régimen Comunitario) ayudará a muchas personas. Muy agradecido también a Dña. María del Mar López Álvarez, Subdirectora General de Nacionalidad y Estado Civil porque nos ofreció datos concretos sobre lo que está sucediendo con el complejo tema de las solicitudes de Nacionalidad Española por Residencia.

Quiero dar las gracias a personas brillantes como Jacqueline, abogada de Málaga, a Marta Asenjo, abogada de Madrid. A Elsa Antonia, una persona entrañable y a quien me hubiera gustado conocerle más. Gracias también a Wendy Garrido, con quien pude compartir una cerveza antes de regresar a Barcelona. Su alma se reencontró con la mia y eso me satisfizo muchísimo.

No podría terminar sin dar las gracias a los Holis, los extranjeristas de Barcelona. A los que fueron y a los que no pudieron asistir al Congreso porque sin ellos, sin su apoyo, sería yo un alma errante en un mar recio.

Siempre me han dolido los silencios, el posicionarse al lado de la decencia y de la verdad pero en estoy convencido que el Congreso marcará un antes y un después en este sentido. Porque las personas con quien me reencontré y a quienes conocí, también me conocieron. Legalteam siempre tendrá abierta las puertas al corazón y al amigo.

Si me lo permiten, me gustaría concluir esta exposición con un pequeño texto de ese grande con el que he comenzado, Eduardo Galeano. Un texto que resume la impresión o el sabor que me ha dejado el Congreso:

«Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo. A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.

Y dijo que somos un mar de fueguitos. El mundo es eso -reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.

Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.

No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende».

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