Muere, a los 90 años, Fidel Castro

fidel - 25 Nov

Me levanto con la noticia de la muerte de Fidel Castro y varios mensajes de amigos que, para mi sorpresa, no saben si felicitarme o darme el pésame. No me ha sorprendido su muerte. Llegué a pensar que este día no llegaría nunca. La muerte de Fidel no cambia nada en mi vida. Si supiera que mañana podía coger un avión y regresar a Cuba para siempre, porque allí me espera un trabajo y un futuro para mi hijo, lo celebraba. Pero mi casa seguirá cerrada hasta mis próximas vacaciones.

No tengo convicciones ni siento odio ni rabia por todo lo que no he podido hacer ni vivir, ni siquiera por lo que he tenido que hacer o sufrir por haber nacido en Cuba. Me tocó y punto. No me “rebelé” porque no tengo madera de mártir. Me fui de Cuba y he conseguido que mi corazón no se llene de odio. Que no es poco. Respeto a los que hoy están de fiesta y a los que lloran a Fidel. Yo no estoy ni en un bando ni en el otro. Sólo le pido a Dios que no me toque compartir sitio con él ni en el cielo ni en el infierno. Ya me jodí en esta vida. Es duro creer que los cambios para mejor sólo podrán llegar a Cuba con la muerte natural de una generación.

Es un alivio saber que no lo van a embalsamar como a Lenin. Espero que no tiren sus cenizas al mar o cada 25N le tocará a los niños cubanos lanzarle flores. Con las que tiramos a Camilo ya tenemos bastante. Pido disculpas por este post a los que habéis estado presos en Cuba por vuestra ideología y hoy celebráis la muerte de Fidel Castro, que algunos hay entre mis amigos . También a los que seguís creyendo en la Revolución, que sé que leeréis esto con disgusto.

Se murió. Yo llegué a desearlo cuando estudiaba en la universidad y Willy Chirino cantaba que “ese día ya viene llegando”. El día ha llegado con 20 años de retraso y ya no me sirve de nada porque ahora no cambia nada en mi vida ni en la vida de la gente que me importa. El capitalismo no es el monstruo que me retrataron en la escuela. Ni Fidel Castro se llevó el Nobel de la Paz. Yo le concedo el mérito de haber forjado un país de familias desestructuradas, sin identidad ni sentimiento de pertenencia a una nación en la que todos tenemos (tuvimos) derecho a educación y sanidad gratuitas y de calidad. Los hombres no vivimos sólo estudiando o enfermos.

La Revolución de Fidel se acartonó, se rodeó de mediocres con disciplina de partido que se dedicaron a arruinarle la vida a todo el que sacaba la patica del rebaño. El antiamericanismo militante se transformó en un éxodo masivo a Miami. Nunca le escuché reconocer que algo iba mal si tanta gente huía de Cuba. Era más fácil creer que los que abandonaban la revolución eran gusanos y no que la Revolución era una manzana podrida.

Lo dejo aquí, que mi madre está enferma y quiero volver a verla el año que viene. No me mandéis más mensajes al móvil. Se murió. Lo sé. Esto no cambia mi vida.

Hemos optado por reproducir textualmente el verbo de nuestra amiga Tania Costa ¿Sabéis por qué? Pues porque nunca hemos estado a la altura de su verbo. Ella ha retratado como nadie lo que nuestro corazón siente. Y como sus palabras son mejores que las nuestras, será esta nuestra opinión sobre la muerte de Fidel Castro

Y si tuviéramos algo que añadir sería un simple “brindemos”. Brindemos sinceramente, no a la memoria de Fidel, sino por la nuestra. ¡Que no nos falte nunca más la memoria, para que no olvidemos estas décadas de vergüenza, para que no se repitan más Fideles en esta tierra! Y brindemos también, con toda nuestra fe, para celebrar la oportunidad que esta muerte abre a la nueva vida que habremos de edificar al fin en paz y concordia todos los cubanos.Si nosotros fuéramos personas piadosas sentiríamos al menos una pizca de pena, pero no es el caso. Definitivamente, la piedad por los déspotas no se cuenta entre nuestras pocas virtudes. Y, como siempre hemos preferido el cinismo por sobre la hipocresía, estamos convencidos de que el mundo será un mejor lugar sin Fidel Castro; ese hombre a quien conocimos bien. A millones de personas como a mi nos lobotomizó, nos sedujo; y lo consiguió. Hasta que el ser humano; por obra y gracia de la naturaleza, despierta y se da cuenta.

En la foto: Fidel Castro Ruz y Guillermo Morales Catá, director general de Legalteam.

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