Última hora! Medio centenar de migrantes se ahogan tras ser arrojados al mar frente a la costa de Yemen

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Con profunda tristeza acabamos de conocer hace apenas unos minutos a través de varias agencias de noticias y diversos medios de comunicación que medio centenar de migrantes se han ahogado tras ser arrojados al mar frente a la costa de Yemen,  después de que el traficante que les llevaba a Yemen les obligase a saltar al mar cerca de la costa.  Las fuentes citan a la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), que ha cifrado en más de 120 las personas que viajaban a bordo de la embarcación, en su mayoría somalíes y etiopes.

El traficante que manejaba la embarcación obligó a los migrantes a saltar cuando se acercaban a la región yemení de Shabwa. Poco después de este incidente, personal de la OIM localizó las tumbas improvisadas de 29 cadáveres en una playa de la zona, mientras que otras 22 personas están desaparecidas. A bordo de la embarcación viajaban etiopes y somalíes que veían en Yemen un punto de entrada para seguir su ruta hacia los países del golfo Pérsico. La OIM estima que la media de edad de l …

A bordo de la embarcación viajaban etiopes y somalíes que veían en Yemen un punto de entrada para seguir su ruta hacia los países del golfo Pérsico. La OIM estima que la media de edad de los migrantes era de 16 años, por lo que entre los fallecidos habría numerosos menores de edad.

“Los supervivientes explicaron a nuestros compañeros en la playa que el traficante les había empujado al mar cuando vio a ‘personas de la autoridad’ cerca de la costa”, ha explicado el jefe de la misión de la organización internacional en Yemen, Lauren de Boeck, en un comunicado.

“También nos dijeron que el traficante había vuelto a Somalia para seguir con su negocio y llevar a Yemen a más migrantes por la misma ruta”, ha añadido De Boeck, que ha tachado de “impactante” e “inhumana” la forma en que las mafias se aprovechan del “sufrimiento” ajeno. En este sentido, ha lamentado que “demasiados jóvenes pagan a estos grupos con la falsa esperanza de un futuro mejor”.

La OIM colabora con el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) para garantizar una atención adecuada a los restos de los fallecidos en al última tragedia. También ha proporcionado una primera asistencia a 27 supervivientes, si bien otros optaron por abandonar la playa sin siquiera recibir esta ayuda.

La ONU estima que, desde que comenzó el año, unas 55.000 personas han abandonado el Cuerno de África para llegar a Yemen. Más de 30.000 de estos migrantes tendrían menos de 18 años, mientras que una tercera parte serían mujeres, según las estadísticas.

Tenemos un mar que se llena de muertos. Unas fronteras que se llenan de alambres, pinchos, cuchillas… y de muertos.  Europa se blinda con vallas, muros, alambres, cuchillas que matan y espinas. ¿ Y este es el mundo civilizado? A otro con esa lobotomía!

Pobrecitos. Qué sufrimiento. Lo que tienen que estar pasando. Es terrible. Se me encoge el alma. No puedo ni ver las imágenes. ¿Cuántas veces no hemos escuchado estas frases? Europa llora, grita, quiere que se salven, que no mueran, pero… pero que no vengan, que se vayan, que desaparezcan, que no existan y que no tengamos que verlos en la tele, y menos en nuestras calles, con sus mantas, en el metro, o en las escaleras de nuestras casas.

Admitamos que no son solo cínicos e hipócritas nuestros “líderes” políticos sino nosotros mismos; cada uno de nosotros, todos, como sociedad. Cada vez más países dan la espalda a la libre circulación de personas que impera en el bloque y levantan alambradas o imponen controles fronterizos. El último en sumarse fue Austria. Y en nuestras propias narices, Turquía que acaba de colocar bloques de cemento en su frontera con Siria para evitar el paso de refugiados.

Sí. Cínicos, descarados, desvergonzados, insolentes, caraduras, falsos, hipócritas. Eso es lo que somos como sociedad. Porque ninguno de nosotros, por ejemplo –incluso ni el que escribe este texto- sería capaz de renunciar a su móvil de última generación o a su ordenador. Aún cuando sabemos que todos esos artilugios llevan coltán, un mineral que extraen niños famélicos en África (en la República Democrática del Congo, en la se encuentran el 80% de las reservas mundiales de coltán).

Refugiados. Ahora nos ha dado por llamarles así eufemísticamente. Hasta hace unos días eran “moros”, “sudacas”, “negritos”; y en el mejor de los casos, para limpiar un poco nuestras conciencias o simular que hacemos exorcismos espirituales: inmigrantes. Pero todos, absolutamente, son seres humanos.

Los dirigentes europeos llevan meses asegurando que sólo una política común podrá gestionar la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Pero solo se trata de “buenas intenciones” porque la realidad supera esa ficción de solidaridad que nos intentas vender.

Mientras se promete que se respetará el espacio Schengen de libre circulación de personas del continente, varios gobiernos van tomando medidas unilaterales que lo ponen en duda. Tras las primeras vallas -Hungría en la frontera con Serbia- y controles fronterizos -Alemania con Austria- el movimiento se acelera.

Porque tener hoy una valla está de moda.

España ya tiene la suya, en su frontera con Marruecos. Con unas concertinas que ha provocado no pocas heridas y sangre a quienes se han atrevido a saltarla.

Eslovenia ya tiene su valla en la frontera con Croacia y Suecia puso en marcha controles fronterizos, y Austria ya tiene también su valla otra en su frontera con Eslovenia.

Todo para poner obstáculos a los refugiados que siguen llegando por miles cada día y que hacen una ruta que, tras desembarcar de barcazas destartaladas en Grecia desde Turquía, suben por Macedonia, Serbia, Croacia, Eslovenia y Austria para llegar principalmente a Alemania.

Como pasó cuando Hungría cerró su frontera con Serbia, los refugiados cambiarán de ruta, por la costa del Adriático o por Rumanía, pero el flujo, advierte repetidamente el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) seguirá porque los refugiados no llegan a Europa ni porque sea fácil ni porque mafias de traficantes los traigan sino porque sobre sus casas -es el caso de los sirios y constituyen más de la mitad del millón de refugiados llegados este año- caen bombas.

Con la prioridad absoluta de parar la llegada de refugiados y con el sistema de reparto en Europa atascado en 147 personas de las 160.000 prometidas -se tardaría un siglo y medio en recolocarlos al ritmo actual-, los europeos firmaron en Malta un acuerdo con más de 30 gobiernos africanos. Dinero -unos 1.800 millones de euros para proyectos de desarrollo- a cambio de que frenen la salida de inmigrantes y refugiados y acepten más deportaciones.

Pero Europa mira a la Turquía de Erdogan, a quien le ha dado 3.000 millones de euros para “mejorar” las condiciones de vida de los más de dos millones de refugiados sirios que viven en Turquía, pero los europeos quieren, sobre todo, que Erdogan movilice a sus fuerzas de seguridad para que impidan que los refugiados se embarquen en sus costas hacia las islas griegas.

Además se repite que para mantener con vida Schengen hay que reforzar las fronteras exteriores del bloque, pero a nadie se le ha ocurrido todavía cómo puede Grecia cerrar el acceso marítimo a sus islas sin utilizar la fuerza armada y si Turquía no impide las salidas. Y Atenas no puede mantener a los refugiados encerrados en sus islas. La mayor, Lesbos, apenas tiene 50.000 habitantes y algunos días ha recibido a más de 20.000 refugiados.

Como bien ha dicho la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, algunos de forma irresponsable promueven el miedo a “los otros”, “los ilegales”, “los que vienen a vender sin licencia”,” a gastar nuestra sanidad”, “a quedarse nuestras ayudas”, “a ocupar nuestras plazas de colegio”, “a pedir”, “a mendigar” “a delinquir”…

Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.

Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.

Que los gobiernos dejen de amenazar con el “efecto llamada”. Lo que necesita Europa, urgentemente, es una “Llamada al afecto”, una llamada a la empatía. Podrían ser nuestros hijos, hermanas o madres. Podríamos ser nosotros, como también fueron exiliados muchos de nuestros abuelos.

Europa se blinda con vallas, muros, alambres, cuchillas que matan y espinas. ¿ Y este es el mundo civilizado? A otro con esa lobotomía!

 

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