Un barco con más de un centenar de europeos naufraga en el Mediterráneo. Se han recuperado 8 cadáveres

domingo
  • Por el momento, se han recuperado ocho cadáveres y se han rescatado con vida a otras cuatro personas
  • Según los sobrevivientes, en la embarcación viajaban 107 personas

Un barco con cerca un centenar de europeos ha naufragado en el Mediterráneo, frente a las costas de Libia. Por el momento, se han recuperado ocho cadáveres y se han rescatado con vida a cuatro personas, mientras que el resto todavía siguen desaparecidas, según han confirmado fuentes de la Guardia Costera italiana.

La barcaza naufragó cuando se encontraba a 30 millas de las costas de Libia. Varias embarcaciones de la Marina italiana se han dirigido a la zona, tal y como ha informado la Guardia Costera, coordinadora de las operaciones de rescate en el Mediterráneo.

Cuatro de los ocupantes que viajaban a bordo pudieron ser rescatados con vida y han asegurado que en la embarcación viajaban 107 personas. En este sentido, se teme que el número de desaparecidos, tras este nuevo naufragio en el Canal de Sicilia, roce casi el centenar.

No, esta noticia no es un “fake” aunque admitimos que no se ajusta 100% a la realidad. Sí, es cierto, un barco con más de un centenar de seres humanos ha naufragado en el Mediterráneo y que se han recuperado 8 cadáveres. Pero ninguno de esos seres humanos son europeos, son todos seres humanos que huyen del hambre, de las guerras, que ha dejado su suerte a las mafias que se lucran con ellos ya que no pueden dejar su suerte a la solidaridad del mundo “civilizado”.

Hemos escrito “europeos” porque el lector, con esa visión egocéntrica europea, si ve que quienes mueren son “europeos”, inmediatamente lee la noticia, la busca, la digiere, se deja lobotomizar por ella. Si son inmigrantes, tan seres humanos como los europeos mismos, ni la busca, ni la lee; ni tampoco la encontrará en los medios de comunicación. Que a diario mueran seres humanos en ese mar Mediterráneo indigesto ya de tantos muertos no es noticia ni para los grandes mass media ni tampoco para el lector que digiere sus “noticias”. Que mueran inmigrantes NO es noticia. Que mueran europeos sí; y los grandes medios y las televisiones dedicarían horas y horas para dar cobertura.

El pasado 6 de enero la Organización Mundial de las Migraciones (OIM) denunció que durante 2016, 5.079 personas perdieron la vida en su intento de cruzar el Mediterráneo, en comparación con los 3.777 que perecieron en 2015 y los 3.279 que murieron en 2014.

Hombres, mujeres, niños y niñas, muertos.

Y una parte de Europa llora, grita, quiere que se salven, que no mueran, pero… pero que no vengan, que se vayan, que desaparezcan, que no existan y que no tengamos que verlos en la tele, y menos en nuestras calles, con sus mantas, en el metro, o en las escaleras de nuestras casas.

Algunos de forma irresponsable promueven el miedo a “los otros”, “los ilegales”, “los que vienen a vender sin licencia”,” a gastar nuestra sanidad”, “a quedarse nuestras ayudas”, “a ocupar nuestras plazas de colegio”, “a pedir”, “a mendigar” “a delinquir”…

Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.

Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.

Que los gobiernos dejen de amenazar con el “Efecto llamada”. Lo que necesita Europa, urgentemente, es una “Llamada al afecto”, una llamada a la empatía. Podrían ser nuestros hijos, hermanas o madres. Podríamos ser nosotros, como también fueron exiliados muchos de nuestros abuelos.

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