Un promedio de 300 seres humanos pierden la vida cada mes en el Mediterráneo

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Ese Mediterráneo al que le cantó Serrat…

Ese Mediterráneo que durante siglos unió civilizaciones, hoy es símbolo de tragedia:

más de 20 mil muertos en los últimos años.

De ese total, cinco mil en los últimos 5 años y más de 1500 en lo que llevamos de 2017

Y el “Primer Mundo” sigue imperturbable e impasible, como si se trataran de “números”, de “inmigrantes” cuando todos sabemos que detrás de esos “números”, de esos “inmigrantes”, hay seres humanos y cada uno con familias, con historias.

Lamentablemente, mientras no exista un enfoque humanista de este fenómeno las mafias seguirán lucrándose, los seres humanos seguirán migrando y el Mediterráneo seguirá siendo el cementerio que es hoy.

¿Cuántas personas más tienen que morir para que los gobiernos europeos reconozcan que, para las operaciones de búsqueda y rescate, no se puede depender de unos recursos hechos a “tapaagujeros”?

“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba. 

Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.”
(Eduardo Galeano)

A diario leemos o escuchamos noticias sobre la muerte de seres humanos que pierden su vida en el mar Mediterráneo en su intento por llegar al “Primer Mundo”. No hay día que no tengamos noticias sobre estas trágicas muertes. Y el “Primer Mundo” sigue imperturbable e impasible, como si se trataran de “números”, de “inmigrantes” cuando todos sabemos que detrás de esos “números”, de esos “inmigrantes”, hay seres humanos y cada uno con familias, con historias.

Aunque no se conocen las cifras exactas (es imposible), distintas organizaciones internacionales cifran los muertos en más de 20 mil en los últimos 20 años.

No hay dudas que estamos construyendo un cementerio en el mar Mediterráneo. . La historia es cíclica. Cada cierto año desayunamos con una tragedia de embarcaciones repletas de seres humanos que perecen en su intento de tocar el viejo continente.

20.000 muertos en 20 años, más que algunas guerras

20.000 personas han muerto de esta manera en los últimos 20 años, según los datos de Fortress, un blog especializado que se encarga de recopilar cifras con datos publicados en los principales diarios. Los datos así, parecen fríos pero una comparativa puede abrir los ojos sobre la dimensión de estas cifras. Hablamos de más muertos que los provocados por la Guerra Civil del Congo (1997-2002) que acabó con la vida de 10.000 personas. O con la Guerra de Uganda-Tanzania, cuyas cifras de muertos ascienden a 5.000. O con la Guerra del Sáhara Occidental, con cifras que van de los 10.000 a los 15.000 muertos.

¿Quiénes van y hacia dónde?

Eritreos, libios y sirios son quienes deciden abandonar sus hogares ante la desesperación de la guerra y la hambruna  que azotan sus países. Desde la ONU subrayan que  “el fenómeno de la gente navegando en pequeños barcos a través del Mediterráneo hacia Europa es antiguo e involucra temas de asilo así como también  de migración”.

Italia, España, Malta y Grecia se han convertido en la puerta de entrada a Europa.  Sin embargo, estos países no son el destino final de estas personas. Según Cruz Roja, estos países con salida al mar continúan siendo el primero al que llegan para después continuar. “Países como Alemania, Reino Unido o Bélgica son los destinos finales de los estas persona cuyas familias residen en el norte de Europa”.  Por eso, desde Cruz  Roja insisten que el de la inmigración es un problema europeo y no solo italiano, español o griego. “A diferencia de hace dos años, vemos que las barcazas llegan con varios miembros de una misma familia”, señala.

Cruzar el desierto del Sahara y tomar una embarcación para llegar vía marítima a Europa es una travesía larga, cara y en ocasiones, mortal. Desde Cruz Roja subrayan que se puede tardar hasta cuatro meses y que el viaje cuesta hasta 1.600 euros. Un tiempo y un dinero que no garantizan un feliz final.

Crisis de refugiados y migrantes en el Mediterráneo: Según señala la ONU, el número de muertes se ha multiplicado por 50 ante la inacción de los gobiernos europeosSe teme que en lo que va de año hayan muerto hasta 900 personas, según la agencia de la ONU para los refugiados

La constante negligencia de los gobiernos europeos respecto a la crisis humanitaria en el Mediterráneo ha contribuido a que, desde que comenzó 2015, el número de muertes de personas migrantes y refugiadas se haya multiplicado por más de 50.

¿Cuántas personas más tienen que morir para que los gobiernos europeos reconozcan que, para las operaciones de búsqueda y rescate, no se puede depender de unos recursos hechos a “tapagoteras”?”

Europa ha reducido su capacidad de búsqueda y rescate basándose en el argumento fallido de que esas operaciones tenían un ‘efecto llamada’ que atraía a más migrantes.Pero la realidad en el Mediterráneo está poniendo de manifiesto esa falsedad, ya que el número de personas desesperadas que intentan llegar a Europa no hace más que aumentar.

Los líderes europeos deben admitir que la estrategia actual no está funcionando, y deben apoyar con todas sus fuerzas una operación sólida y concertada en el Mediterráneo, dotada de al menos los mismos recursos que la operación italiana Mare Nostrum cancelada el año pasado.

¿Por qué no se refuerzan las operaciones de búsqueda y salvamento en el Mediterráneo y el Egeo? ¿Por qué no se abren rutas legales y seguras para evitar que las personas que huyen del conflicto y persecución se vean obligadas a realizar viajes peligrosos? ¿Por qué nuestro “Primer Mundo” no deja de cooperar con países que violan derechos humanos, para que estos países restrinjan los flujos migratorios hacia la Unión Europea?

El  Mediterráneo no puede convertirse en un cementerio.

El “Primer Mundo” tiene que aceptar y asumir la corresponsabilidad en la creación de un mundo tan desigual.

El Mediterráneo no para de vomitar cuerpos hinchados.

El Mediterráneo está indigesto con tantos muertos.

La conciencia humana no puede permanecer indiferente ante tal tragedia, la tragedia de todos los días.

En Legalteam pensamos que hay que decirlo, recordarlo, nunca olvidar el grito y las imágenes de dolor.

La solución de estas “migraciones de la desesperación” no reside fundamentalmente en políticas represivas ni de contención.

Es Europa al completo la que se enfrenta a estos dramas y solo una estrategia europea común puede plantarles cara.

Lamentablemente, mientras no exista un enfoque humanista de este fenómeno las mafias seguirán lucrándose, los seres humanos seguirán migrando y el Mediterráneo será el cementerio que es hoy.

Que se vayan….

Hombres, mujeres, niños y niñas, muertos.


Y una parte de Europa llora, grita, quiere que se salven, que no mueran, pero… pero que no vengan, que se vayan, que desaparezcan, que no existan y que no tengamos que verlos en la tele, y menos en nuestras calles, con sus mantas, en el metro, o en las escaleras de nuestras casas.


Algunos de forma irresponsable promueven el miedo a “los otros”, “los ilegales”, “los que vienen a vender sin licencia”,” a gastar nuestra sanidad”, “a quedarse nuestras ayudas”, “a ocupar nuestras plazas de colegio”, “a pedir”, “a mendigar” “a delinquir”…


Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.


Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte. Así que Europa, europeos: abramos los ojos. No va a haber suficientes muros ni alambres que paren esto. Ni gases lacrimógenos ni pelotas de goma. O abordamos un drama humano desde la capacidad de amar que nos hace humanos, o acabaremos todos deshumanizados. Y habrá más muertos, muchos más. Ésta no es una batalla para protegernos de “los otros”. Ahora mismo esto es una guerra contra la vida.


Que los gobiernos dejen de amenazar con el “Efecto llamada”. Lo que necesita Europa, urgentemente, es una “Llamada al afecto”, una llamada a la empatía. Podrían ser nuestros hijos, hermanas o madres. Podríamos ser nosotros, como también fueron exiliados muchos de nuestros abuelos.


Aunque se trata de un tema de competencia estatal y europea, desde Barcelona haremos todo lo que podamos para participar de una red de ciudades-refugio. Queremos ciudades comprometidas con los derechos humanos y con la vida, ciudades de las que sentirnos orgullosos.

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1 Respuesta

  1. Laurita dice:

    Es terrible ver esas cifras. Y pensar que nos bañamos ahí en nuestros ratos de ocio.

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