Cruzó sola el Estrecho con 8 años y hoy es un ejemplo de estudiante de Derecho en Barcelona

La historia de Abigael Maziza, una joven congoleña de 21 años que cruzó sola el Estrecho de Gibraltar cuando tenía 8, es digna de un guión de película ya que la joven llegó a España a bordo de un barco, sola, para reunirse con su padre empujada por su madre, que se quedó en Marruecos y a la que no ha vuelto a ver. Ahora es un ejemplo de estudiante de Derecho en la Universidad de Barcelona.

Cuando Abigael tenía 8 años, su madre, de la noche a la mañana, le dijo que iba a subirse sola a un barco para llegar a España, donde vivía su padre desde hacía seis años, con la intención de que ella tuviera más oportunidades profesionales y personales.

En una entrevista con EFE, la joven estudiante de cuarto de carrera de Derecho -se está especializando en Derecho hispanofrancés- explica que desde el día que se despidió de su madre para subirse al barco no la ha vuelto a ver, así como tampoco a su hermano pequeño.

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La joven estudia ahora derecho en la Universidad de Barcelona. (EFE/Marta Perez)

«Llegué a España sola, pero mi madre le había dado el número de teléfono de mi padre a una mujer desconocida que también viajaba en el barco. Tuve la suerte de que ella se responsabilizó de mí y llamó a mi padre. Él vino a buscarme a Algeciras«, recuerda Abigael.

Cuando pisó Barcelona por primera vez el curso escolar ya había empezado así que su padre decidió no apuntarla al colegio, pero sí a clases de castellano y catalán, ya que el idioma nativo de Abigael es el francés.

«Tengo muy buen recuerdo de mi infancia en Barcelona, por suerte fui a un colegio y a un instituto público y no me sentía diferente, porque allí la mayoría éramos extranjeros», relata la joven, que cree que de haber estado en un colegio privado «la experiencia hubiera sido distinta».

Reconoce que cuando llegó a la adolescencia, se «dispersó», comenzó a juntarse con compañías irresponsables y recuerda que empezó «a pensar en todo menos en los estudios».

«Quería rebelarme contra el mundo y contra mi vida, había pasado por muchas cosas y me desestabilicé, así que en vez de ir a clase empecé a saltármelas y a irme con mis amigos porque me daba igual todo», dice Abigael, ahora arrepentida.

Su padre, que, como especifica la joven, «era muy estricto», decidió tomar cartas en el asunto y apuntar a su hija a un proyecto de refuerzo escolar que ayudaba a niños y jóvenes con riesgo de fracaso escolar del distrito barcelonés de Nou Barris, el Proyecto Lucas.

Este programa de refuerzo se fundó en 2013 de la mano de profesores voluntarios, se encuentra en el barrio de La Guineueta y forma parte de la Asociación Ginesta.

El objetivo de este iniciativa es disminuir el gran porcentaje de fracaso escolar que hay en Nou Barris, un 8 % más que en el resto de distritos de Barcelona.

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 Abigael también es profesora voluntaria de un programa para intentar ayudar a niños con riesgo de fracaso escolar (Marta Perez / EFE)

La fundadora del Proyecto Lucas y presidenta de la Asociación Ginesta, Carmen Serra, explica que Nous Barris es el distrito «con menos personas con estudios superiores en toda Barcelona y el segundo distrito con más paro, con más precariedad socioeconómica y con más demanda de refuerzo escolar».

Recibir las clases de este proyecto cuesta 10 euros a la semana pero, según Serra, la mayoría de alumnos están becados y reciben las clases gratuitamente.

Cuando Abigael era adolescente formaba parte de los niños que estaban en riesgo de sufrir fracaso escolar, pero cuando entró en este programa su día a día «cambió radicalmente».

«Conocí a un grupo de profesores jóvenes y voluntarios que cambiaron mi perspectiva de ver la vida, dejé de estar enfadada con el mundo y empecé a ver en ellos un ejemplo a seguir», declara la joven, emocionada.

No le supone un esfuerzo admitir que si no hubiera sido por el Proyecto Lucas su vida probablemente no hubiera seguido este camino y que por ello actualmente es profesora voluntaria del programa para intentar ayudar a niños que están pasando por lo mismo que ella pasó.

Con la mirada puesta en el futuro, Abigael espera acabar la carrera el año que viene y hacer un máster en migraciones contemporáneas, el ámbito en el que le gustaría especializarse porque asegura que «todavía existe mucho racismo en la sociedad y en las instituciones».

«Desde que era pequeña la situación no ha cambiado. La burocracia para poder vivir y estudiar en Barcelona es muy dura y he vivido en primera persona las injusticias que hay alrededor de las personas inmigrantes», denuncia la joven, que apunta a esta situación como el motivo de su interés por convertirse en abogada.

Abigael está aprobando todas las asignaturas con buenas notas y mientras tanto sigue volviendo todas las semanas al Proyecto Lucas para ser el referente que sus alumnos necesitan ver y así ofrecer como profesora lo que en su día ella recibió como alumna.

Fuente: La Vanguardia

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