Cartel por una Cuba libre tras manifestaciones del 11J

La Cuba que yo quiero

Se cumple un año de las protestas populares en Cuba que demostraron al gobierno y al mundo que el pueblo cubano anhela libertad, aspira a ser una nación próspera y desea librarse de todas las ataduras que durante más de 60 años han mantenido presa a toda una nación.

A 365 días de ese momento, la represión ha aumentado, los juicios sin garantías, las penas de prisión exorbitadas y la limitación de libertades civiles son el día a día de los cubanos. Es por ello que estas palabras de hace un año, continúan vigente como el anhelo que muchos tenemos de esa Cuba que soñamos.

Cuando se alza la voz por una Cuba distinta, son múltiples las opiniones. Algunos piden que conserve una postura de izquierda, otros que se deseche cuanto parezca socialismo. Hay quienes desean una estrella más en la bandera estadounidense e incluso, quienes no lo tienen claro y solo quieren un cambio, sin decidir aún hacia dónde se querría ir. Las diferencias ideológicas a veces están en las antípodas; y eso es sano. Yo abogo por eso. Siempre y cuando esas diferencias ideológicas no nos distancien. Basta con ir una tarde a las puertas del Consulado de Cuba en Barcelona y preguntarnos por qué ya no son tantos como antes.

Hay algo común para todos aún cuando se tengan posturas distintas: el deseo de una Cuba libre y democrática para los cubanos. Y a ello resulta necesario añadir: para TODOS los cubanos.

Ciertamente llegar a unanimidad resultará imposible y es mejor así. Bajo la idea de que todos estén de acuerdo se oculta el totalitarismo que durante décadas ha ahogado los criterios diversos y las voces disidentes. Por ello quizás es que la Cuba que yo quiero es el espacio para que cada cual tenga voz y tenga voto.

En la Cuba futura, la que yo quiero, veremos progresar a cada cual conforme a su capacidad. Nadie pondrá límites a la creatividad e iniciativa personal y los derechos no serán para unos pocos, sino para todos. El diálogo, la discusión social, la libre determinación y la oportunidad de elegir con independencia dejarán de ser criminalizados.

En ese país que toca construir, gente de izquierda, centro y derecha tendrán cabida. Y sí, esa es la Cuba que yo quiero. Ya nadie tendrá que emigrar, a no ser que sus planes personales y su deseo así lo motiven.

En ese país, en esa Cuba que yo quiero, una vez más escucharemos sonar con libertad la música de Celia, bailaremos al compás de Willy, leeremos a Arenas y reiremos con las estampas de Álvarez Guedes. Honraremos a aquellos que tanto hicieron por la libertad y educaremos a los nuestros para que nadie nos vuelva engañar y robar la Patria.

En la Cuba que yo quiero, sanaremos las heridas que han separado a familias y amigos. El discurso de odio, el enfrentamiento de cubanos contra cubanos será solo un recuerdo vivo para no volverlo a permitir. Allí la justicia será nuestra divisa. La libertad, el sueño alcanzado. El ejército, nunca más sinónimo represivo y las calles… para todos los cubanos.

Pero para llegar a esa Cuba que yo quiero debemos comenzar hoy mismo por desterrar el discurso del odio y por no detenernos en qué cosas nos distancian cuando gritamos a las puertas del Consulado de Cuba en Barcelona; por ejemplo. A fin de cuentas, nos une algo que está por encima de cualquier ideología y de cualquier distancia: una Cuba libre y democrática.

Confundirnos de enemigos es perder el rumbo. No puede ser posible que quienes tiendan puentes no tengan espacio. Porque la lucha de hoy es de todos y la Cuba que yo quiero también será de todos los cubanos. Incluso, creo que hasta el perdón debería existir en la Cuba futura. El perdón sana y reconforta a quien lo hace.

Cada cubano es una historia y tiene su propia historia. Cada cubano tiene su rabia y sus propias rabias. Cada cubano llora y sangra de forma diferente pero al final, todos sangramos y lloramos porque sigo pensando que son más las cosas que nos unen que las que nos distancian.

A la Cuba que yo quiero, le falta aún mucho trabajo, el empeño de mucha gente. Si la miramos, parece lejos. Si la sentimos, palpita cerca. Y aunque puede que aún no sea y puede que aún tarde, es por la que luchamos, por la que muchos tomaron las calles, por la que la voz alzamos… por la que tantos lloran, gritan, sufren, pelean y oran. Es la que nos fue prometida y que realmente queremos ver y vivir. Es la Cuba para cada uno… la Cuba con todos y para el bien de todos.

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