La inmigración cuida al 90% del 1,2 millones de ancianos españoles que viven solos en casa

A la señora Angela, ecuatoriana, se le murió su padre hace siete años en su tierra, justo cuando cuidaba de un matrimonio octogenario en Barcelona, él tenía Alzheimer y ella achaques y mal humor. Prefiere no dar su apellido. Hay en España 1,2 millones de personas mayores que necesitan cuidados en sus domicilios, una labor que ejercen inmigrantes en un 90% de los casos, según datos del sector. La amiga invisible… y poco reconocida.

España es un país privilegiado en Europa gracias a la inmigración latinoamericana

España es una gerontocracia. El segundo país del mundo más longevo tras Japón, 82,1 años de promedio de vida. A día de hoy, el 34% de las personas mayores de 65 años necesita apoyos o cuidados en su vida cotidiana. “Somos un país privilegiado en Europa porque disponemos de una inmigración, sobre todo la latinoamericana, que es todo un lujo: hablan nuestra misma lengua y están acostumbrados a cuidar a sus mayores en las casas. En Francia hay más dificultades para encontrar cuidadoras pero la situación más dramática se da en Alemania, todo un asunto de estado, porque los polacos dejaron de cuidar a los ancianos alemanes al entrar en la UE y no hay países germanófonos en el mundo. Lo de España es un verdadero lujo”, señala Roberto Valdés, cofundador de Cuideo, una de las compañías pioneras en atención a mayores en sus casas (atienden actualmente  diez mil domicilios).

Martha García, ecuatoriana, llegó a España en 1999

«Empecé a cuidar una señora del barrio de Salamanca de Madrid. Yo no sabía ni lo que era una tortilla de patatas…»

Martha García, ecuatoriana

Martha García, 43 años, es una de esas “amigas invisibles”. Aterrizó en Madrid desde Ecuador allá por 1999 y encontró trabajo en casa de una dama octogenaria del barrio de Salamanca donde también dormía. “Era una señora especial, muy tiquismiquis con el orden, que me enseñó mucho. Yo no sabía cocinar y ahora me río pero cuando me dictaba el menú… ¡Hoy lentejas! ¡Hoy tortilla de patatas! ¡Hoy ensaladilla rusa! Yo no sabía por donde empezar porque… no entendía de qué alimentos me hablaba y mucho menos de cómo se preparaban”.

En dos años la familia regularizó la situación de Martha García. No siempre es así: un tercio de estas cuidadoras trabajan “en negro”, un limbo que va a menos. “A nosotros nos llegan familias con cada caso…”, advierte Roberto Valdés sobre los riesgos de los pactos verbales. “Es una pescadilla que se muerde la cola: encuentran trabajos pero no tienen permisos para ejercerlo. Y los aceptan sin saber cuales son sus derechos. Hay que tener en cuenta que en Latinoamérica el 50% del trabajo es informal, según la OIT”, señala Vicente López, director de la Fundación 1 de Mayo de CC.OO./Istas.

La ecuatoriana Esther Sevilla traslada ahora a ancianos a centros de día en Madrid

Esther Sevilla, ecuatoriana, empezó trabajando en Madrid en casa de un catedrático jubilado, viudo, del que guarda buen recuerdo por su buen trato, modales y capacidad de explicarle los medicamentos y la dieta que necesitaba. “Daba muchas conferencias fuera de Madrid y también me cuidaba de prepararle la maleta porque en eso era despistado. La ropa según el clima, las camisas, los medicamentos, los bragueros… Permanecí seis años y tenía cinco hijos que vivían por medio mundo y que siempre me trataron muy bien”, recuerda. A su fallecimiento, adiós empleo.

«Te preguntan si ha llamado o va a venir un hijo y hay que decir mentiras piadosas»

Los hijos juegan un factor estabilizador sobre todo a la hora de eliminar prejuicios de los ancianos hacia personas de otra etnia, religión o color de piel, típicos de una generación donde esas reservas eran frecuentes y se consideraban normales. “Esos prejuicios existen en personas de cierta edad, es lógico, pero desaparecen pronto porque las personas valoran ante todo que las cuiden y les hagan la vida mejor. Los hijos ayudan mucho en esta labor didáctica. Se ha avanzado mucho en este aspecto en España”, estima Roberto Valdés. Siempre hay quienes se dirigen a Cuideo pidiendo como condición que sean naturales de España. “Hay de todo, claro, pero puedo decir que en nuestro caso un 92% de las personas que proponemos como cuidadores son aceptadas después de quince días de prueba. Algunas familias son pejigueras y no aceptan que los cuidadores tienen derechos”.

A muchos familiares también les sale a cuenta tejer una complicidad con las cuidadoras de sus padres o abuelos. “Muchas veces la señora me preguntaba, extrañada, si había telefoneado o iba a venir un hijo o un nieto. Yo siempre le decía alguna mentira piadosa o le restaba importancia: seguro que está muy ocupado”, admite Martha García.

La rutina de salir a pasear, Barcelona  

“Somos un país muy longevo, que acumula además mucha enfermedad crónica y cada vez habrá más necesidad de cuidadoras. ¿Diagnóstico? Hay que dignificar este trabajo, que no sea la última opción de quien no encuentra otro empleo porque es una profesión esencial. Hay que potenciar el cuidado…de los cuidadores, asesorarles y dar apoyo porque desgasta. Tercero, empezar a regularizar porque el 30% están dentro de la economía sumergida. Y formar específicamente profesionales, dentro de una nueva Formación Profesional”, estima José Augusto García-Navarro, presidente de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología.

Martha García y Esther Sevilla siguen cuidando ancianos, ahora en el marco de residencias. Ya tienen nacionalidad española y encarnan ese amigo invisible que permite a muchos ancianos vivir en sus casas a pesar de los achaques, las amnesias y ese último mal de quienes tanto han sido. Lo suyo es de homenaje.

Fuente: La Vanguardia

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.