La ONU teme 700 muertos en la última ola migratoria hacia Italia

Nunca se sabe con certeza cuántos inmigrantes y refugiados engulle el Mediterráneo en cada naufragio porque nadie proporciona, obviamente, un listado fiable de los pasajeros a bordo. Pero, según cálculos bastante verosímiles del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (Acnur), la pasada semana pudieron haber muerto al menos 700 personas entre las casi 14.000 que intentaron realizar la travesía entre la costa norteafricana e Italia.

Según la reconstrucción que ha podido hacerse, gracias al testimonio de los supervivientes, los hechos más dramáticos sucedieron el jueves 26 de mayo. Dos viejos pesqueros, sobrecargados, habían partido de Sabratha, al oeste de Trípoli. A uno de ellos se le averió el motor –o quizás partió ya sin él– y era remolcado por el otro. Se calcula que cada uno transportaba unas 500 personas. Pocas millas después de iniciar el viaje, el que iba sin motor empezó a llenarse de agua. Los traficantes que iban en el primero no tuvieron piedad. No quisieron –y seguramente tampoco era factible, dado que ya iban abarrotados– transbordar a los pasajeros del barco que se hundía y que acabó volcándose. Así que cortaron el clave y los abandonaron a su suerte, hasta que llegaron las unidades de salvamento. A este drama se sumó otro horror. Al cortar el cable en tensión, este se convirtió en un látigo, golpeó en el cuello a una mujer que iba en el segundo barco y la decapitó.

En los otros dos naufragios de envergadura, sobre todo el del viernes 27, también se teme que hubiera centenares de muertos más allá de los 45 cadáveres recuperados. Los protagonistas de este último accidente llegaron ayer al puerto de Reggio Calabria a bordo de la nave Vega de la Marina militar italiana. El barco trajo 629 supervivientes, entre ellos 138 mujeres y 78 niños, además de los 45 cadáveres. Las morgues locales no tienen suficiente capacidad; tampoco los servicios forenses. Los cuerpos permanecerán 72 horas almacenados en un camión frigorífico y luego, durante 5 días, en morgues, mientras se les realiza una rápida autopsia y se extrae material genético para su posible identificación. Luego deben ser enterrados. Entre los muertos hay 36 mujeres y 3 niños.

La terrible experiencia de los naufragios viene precedida, muy a menudo, de un sinfín de penalidades antes zarpar desde Libia. Al puerto de Palermo, a bordo de la nave Bourbon Argos, de la oenegé Médicos Sin Fronteras, llegó una menor de edad embarazada que afirmó haber sido violada por los traficantes. Se trata, por desgracia, de algo bastante común, pues los inmigrantes y refugiados suelen vivir recluidos en condiciones inhumanas durante semanas o a veces meses. De repente, cuando las condiciones son favorables, los traficantes los cargan en camiones y los llevan al puerto o a las mismas playas, donde inflan las lanchas neumáticas, las llenan al máximo y los envían hacia el norte calculando que pedirán socorro.

Testimonios recogidos por la fiscalía de Palermo –que investiga las redes de este tráfico humano– han dicho que en Sabratha, una de las bases de los traficantes, estos han decidido últimamente bajar la tarifa que cobran por la travesía, hasta los 400 euros, para vaciar las cárceles –eufemísticamente llamadas connection houses– en las que mantienen a los futuros pasajeros y aprovechar los días de buen tiempo y mar en calma. Los testigos hablaron de un tal Osama como el cabecilla que organizó la partida de las decenas de embarcaciones la pasada semana. En las connection houses los guardianes no se andan con contemplaciones y pueden llegar a matar a quienes pretenden escapar o se rebelan.

El presidente de la República, Sergio Mattarella, continuó ayer haciendo un llamamiento a la solidaridad y contra las actitudes de rechazo a los inmigrantes. Para él, es “ingenuo” tratar de desviar el flujo hacia otros países. Lo dijo en una conferencia con líderes balcánicos, en Sarajevo.

Las muertes masivas y diarias en el mar no ablandan el corazón de líderes populistas como Matteo Salvini, el joven secretario de la Liga Norte, muy hábil en pescar votos en las aguas del racismo y de la xenofobia latentes. En un mitin en Milán, gritó: “¡Inmigración cero!”. Salvini, que pretende ser el líder de toda la derecha y admira a Marine Le Pen, considera que está en marcha “un genocidio del pueblo italiano” y un “programa de sustitución étnica”.

El Papa y el chaleco salvavidas

En la audiencia pública del pasado miércoles, el fundador de la oenegé Pro Activa Open Arms, Óscar Camps, entregó a Francisco el chaleco salvavidas que llevaba una niña siria de 6 años que murió tratando de llegar a Lesbos. El Papa mostró el sábado el chaleco en un encuentro con niños inmigrantes y refugiados que viajaron al Vaticano en un tren especial desde Calabria. Los socorristas de la oenegé fundada en Badalona ayudaron a salvar miles de vidas durante la crisis humanitaria que vivieron las islas del Egeo.

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