La opinión de Legalteam (probablemente una opinión de poco agrado)

Nuestra opinión sobre lo que sucede en Ucrania ya ha quedado clarísima desde que comenzó la guerra.

Todos los telediarios abren sus magazines informativos con lo que sucede en Ucrania. Es Ucrania a todas horas. Nos despertamos y nos acostamos con Ucrania. Allí las bombas matan; aquí las bombas informativas nos golpean como si no fuéramos capaces de entenderlo.

Miramos a Ucrania y ya se nos olvida mundo y medio. La noticia es Ucrania y no ese mar Mediterráneo que se tiñe a diario, de negro y rojo. De sangre y color africano.

Ese Mediterráneo al que le cantó Serrat, el mismo Mediterráneo que durante siglos unió civilizaciones, hoy es símbolo de tragedia: más de 20 mil muertos en los últimos años. Pero eso ya no es noticia.

Refugiados e inmigrantes subsaharianos esperan en una barca neumática atiborrada a ser rescatados por el ‘Astral’. Fotografía: Santi Palacios – AP

Y el “Primer Mundo” sigue imperturbable e impasible, como si se trataran de “números”, de “inmigrantes”; cuando todos sabemos que detrás de esos “números”, de esos “inmigrantes”, hay seres humanos y cada uno con familias, con historias… Seres tan humanos como los ucranianos que hoy huyen de aquel país o que despiertan y duermen con las bombas.

Lamentablemente, mientras no exista un enfoque humanista de este fenómeno, las mafias seguirán lucrándose, los seres humanos seguirán migrando y el Mediterráneo seguirá siendo el cementerio que es hoy.

Pobrecitos. Qué sufrimiento. Lo que tienen que estar pasando. Es terrible. Se me encoge el alma. No puedo ni ver las imágenes.

¿Cuántas veces no hemos escuchado estas frases? Europa llora, grita, quiere que se salven, que no mueran… que no mueran los que vienen de África, los que atraviesan desiertos y cogen una patera; pero… pero que no vengan, que se vayan, que desaparezcan, que no existan y que no tengamos que verlos en la tele, y menos en nuestras calles, con sus mantas, en el metro, o en las escaleras de nuestras casas.

Manteros coronavirus: Los manteros se organizan para subsistir mientras las  calles están desérticas | Público
Manteros frente al Congreso. Fotografía: Byron Maher

Admitamos que no son solo cínicos e hipócritas nuestros “líderes” políticos, sino nosotros mismos; cada uno de nosotros, todos, como sociedad. Cada vez más países dan la espalda a la libre circulación de personas que impera en el bloque y levantan alambradas o imponen controles fronterizos; excepto si son ucranianos.

Sí. Cínicos, descarados, desvergonzados, insolentes, caraduras, falsos, hipócritas. Eso es lo que somos como sociedad. Porque ninguno de nosotros, por ejemplo —incluso ni el que escribe este texto— sería capaz de renunciar a su móvil de última generación o a su ordenador. Aún cuando sabemos que todos esos artilugios llevan coltán, un mineral que extraen niños famélicos en África (en la República Democrática del Congo, en donde se encuentra el 80% de las reservas mundiales de coltán).

Refugiados. Ahora nos ha dado por llamarles así eufemísticamente. Hasta hace unos días eran “moros”, “sudacas”, “negritos”; y en el mejor de los casos, para limpiar un poco nuestras conciencias o simular que hacemos exorcismos espirituales: inmigrantes. Pero todos, absolutamente, son seres humanos. Da igual que sean negros o rubios con ojos azules o verdes como los que huyen de Ucrania.

Los dirigentes europeos llevan meses asegurando que sólo una política común podrá gestionar la mayor crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial. Pero solo se trata de “buenas intenciones” porque la realidad supera esa ficción de solidaridad que nos intentas vender. Porque Europa, con sus miedos de siempre, ahora solo mira a Ucrania.

¿Cuál es la diferencia entre una bomba de racimo y la bomba del hambre? ¿Acaso no mata igual una bomba que el hambre?

El miedo a “los otros”, “los ilegales”, “los que vienen a vender sin licencia”,” a gastar nuestra sanidad”, “a quedarse nuestras ayudas”, “a ocupar nuestras plazas de colegio”, “a pedir”, “a mendigar”, “a delinquir”…

Pero el miedo es sólo eso: miedo. Nuestro miedo a vivir un poco peor contra su miedo a no sobrevivir. Nuestro miedo a tener que compartir una pequeña parte del bienestar contra su miedo al hambre y a la muerte, tan profundo que les ha dado el valor de arriesgarlo todo, para venir sin otro equipaje que el propio miedo.

Miedo contra miedo. Y el suyo es más fuerte.

2 Respuestas

  1. JN dice:

    Equipo de Legalteam.

    No es cierto lo que escribís de que el ‘primer mundo» (término en desuso) sigue imperturbable e impasible. Las muertes en el Mediterráneo, en el desierto en EEUU, es una tragedia para todos. Los países desarrollados son los que más dinero y medios destinan a ayudar a esos que lo necesitan. Además de los gobiernos, muchas ONGs e iglesias envían alimentos, medicinas, construyen escuela y hospitales en África y el Medio Oriente.
    Desde mi punto de vista, hay dos factores importantes. El primero es el acatamiento de las leyes, considerar que la inmigración irregular está mal y que tiene que haber vías para que las personas puedan inmigrar. El segundo, más importante, es la seguridad en los países de origen. La mayoría son paises con altos índices de corrupción, indiferencia hacia los derechos humanos, tasas elevadas de analfabetismo y desempleo. Europa no puede acoger a toda África, es por eso que hay que trabajar para que los africanos y el resto de inmigrantes no tengan que dejar su sitio de origen.
    Las leyes de protección internacional son muy claras. Muchos de los inmigrantes vienen a Europa buscando una vida mejor, algo totalmente comprensible, pero al mismo tiempo afirman ser refugiados políticos, o por cuestiones de sexo, guerra, etc. Sin embargo se niegan a permanecer en sitios seguros. Sí Francia es una democracia donde hay seguridad, por qué tiene el Reino Unido que dejar que estos «refugiados» entren al país?
    Al igual que es normal que toda persona quiera una vida mejor, también es normal que los países quieran regular quien entra en sus fronteras.
    Los gobiernos de Occidente y la gente en general, está haciendo un buen trabajo acogiendo a los ucranianos. Siempre se podrá hacerlo mejor, no intentemos opacar lo bueno.

  2. Elena dice:

    Bravo, muchas gracias por denunciar la hipocresía de la sociedad.

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