El miedo es peor que la dictadura cubana

Jamás hubiera querido escribir estas palabras. Y las escribo con mucho dolor. Parece ser que la llama de libertad se apaga en Cuba. El atisbo de un futuro en libertad no brilla tanto como el domingo 11 de julio. Ya no llegan noticias de personas manifestándose en las calles. Esto lo sabemos los cubanos de allá y los de aquí. Nos duele admitirlo, nos cuenta aceptarlo, pero es así.

La primera manifestación, en San Antonio de los Baños y la segunda, en Palma Soriano; y otras más, pillaron desprevenida a la dictadura comunista. Pero el régimen cubano se compuso y comenzó, en desesperados intentos, a movilizar al pueblo contra el pueblo; una antigua estrategia que le ha funcionado durante décadas. Militares, policías y fuerzas de seguridad, vestidos con sus uniformes o de civiles, comenzaron a tomar las calles de las ciudades y pueblos… comenzaron a dar caza a esos valientes que gritaban el anhelo tanto tiempo reprimido.

Y el miedo de la dictadura llegó al extremo de reclutar a cuanto joven tiene pasando el servicio militar. Niños de apenas 18 y 19 años fueron armados con palos. Hay imágenes tan tristes como la de un chaval que de tan delgadito y pequeño empuñaba su palo sin saber en realidad qué hacer. Sus piernas le temblaban. Podías ver el llanto del horror en su cara.

Todo esto lo hemos visto y nos ha convencido una vez más: la dictadura es mala; pero el miedo del cubano es peor.

El cubano es un ser noble; y, sin embargo, la dictadura lo ha convertido en un perro amaestrado al que le han inoculado el virus del miedo cada día, cada semana, cada mes; y así durante 62 larguísimos años. Y no juzgo; no podría hacerlo, a quienes decidieron no salir a las calles.

Si ves que tras las manifestaciones irrumpen con total impunidad y violencia en la casa de tu vecino que salió a pacíficamente a pedir libertad, y ves que le disparan, le golpean, le lanzan como cerdos a un camión y luego ni su propia familia sabe dónde está… ¿Qué harías?

Tan valientes son los que han salido a la calle como los que se han quedado en sus casas. ¿Quién soy yo, desde la comodidad de Europa para juzgar?

“Tengo miedo, mucho miedo, prefiero quedarme en casa, tengo miedo a los golpes, a las palizas, a que me desaparezcan; no sé qué hacer, me siento enjaulada”, me ha escrito hoy desde Cuba alguien a quien le debo todo.

Dolorosamente, a la dictadura cubana bien le funcionó su movilización y el corte de las comunicaciones y el acceso a internet. Sin noticias, sin contactos con el exterior o sin saber qué sucedía en otras ciudades y pueblos de Cuba; el miedo hizo su agosto en pleno mes de julio.

Que la realidad no nos haga inventarnos historias. No intentemos crear una realidad paralela entre lo que sucede y lo que nos habría gustado. Porque el engaño y el autoengaño es tan malo como el miedo.

En Barcelona, cada día, desde el domingo, no paramos de manifestarnos a las puertas de la sede del Consulado de Cuba en esta ciudad. Y lo seguiremos haciendo. Algunos no están de acuerdo con ello. Yo sí estoy convencido que es necesario hacerlo y no parar. Me sobran razones.

Y hay una realidad, puede que hoy no disfrutemos de ver triunfar el sueño de libertad tantos años secuestrado a nuestra Cuba, pero algo se rompió el 11 de julio y ha dado espacio para que vea la luz el sentir de mi pueblo y por ese futuro hay que luchar. ¡Viva Cuba Libre! ¡Patria y Vida!

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