Pagarte la Seguridad Social durante un año para conseguir los papeles

Daniela lleva 17 años en España, desde los 21. Pero aún así parece que no está lo suficientemente arraigada como para tener papeles. Llegó de Venezuela en 2005, meses después de la última regularización masiva de inmigrantes en nuestro país. Le dijeron que no se fuera; «puede que haya otra, anda quédate», rememora.

Pero no hubo otra. Lo que salió de allí fueron los requisitos para el «arraigo social», la puerta de acceso a la documentación para muchísimos migrantes irregulares en España. Una entrada al sistema con requisitos leoninos para muchas personas, pero que se pueden resumir en dos; el primero es demostrar haber residido en España durante tres años, el segundo es un contrato de un año a jornada completa (algo que no tienen muchos españoles).

«Muchas empleadoras también se la juegan y llegan un acuerdo para hacerte a ti un favor», dice Daniela.

En la práctica, implica dos cosas. La primera es arrojarte a la economía sumergida y la irregularidad administrativa durante tres años, con sueldos de miseria, jornadas de trabajo maratonianas (limpiando casas, en la obra o el campo) y sin dejar que un policía te identifique y te incoe una orden de expulsión del país. La segunda es que hay que conseguir un contrato como sea. Y a veces no es posible.

Daniela (nombre ficticio) reconoce que pagó en dos ocasiones su Seguridad Social entera durante un año para poder conseguir el arraigo social. La segunda ocasión fue en el año 2016. Trabajaba cuidando niños en una urbanización para familias de clase alta, adineradas, pero que no quisieron hacerle un contrato en condiciones.

Al final consiguió llegar a un acuerdo con la familia. Aunque fuera a trabajar solo por las tardes firmaría un contrato de un año a jornada completa… con un gran pero, ella iba a pagarse toda la Seguridad Social. De esta forma fue como consiguió el arraigo social en la segunda ocasión. La primera, en 2010, fue haciendo lo mismo pero trabajando «de lo suyo», como programadora de páginas webs. En este último trabajo ganaba menos de 300 euros por una jornada completa. El precio del arraigo durante un año.

«Nosotras pasamos por el trabajo del hogar, pero en los hombres todavía es más duro porque están en la obra o en la naranja».

Entre una regularización y otra medió una temporada viviendo en Venezuela que le desprendió de los papeles. Porque otra de las formas de perderlos es pasar más de 6 meses fuera del país. Aunque lleves 17 años viviendo aquí. Tras el segundo intento volvía a tener los papeles… y los volvió a perder durante la pandemia por faltarle 16 días cotizados para renovar la documentación.

En estos momentos, a pesar de llevar casi media vida en España tiene una orden de expulsión a Venezuela. Pero cuenta que «me quieren mandar a un país que prácticamente no conozco (vino a España con 21 años y lleva aquí 17). Mi familia ya no está, tampoco mis amigos, no tengo ya nada allí. Me piden que haga arraigo en este país, yo creo que con 17 años lo tengo de sobra», lamenta.

Vía habitual

Aunque no presume de ello, Daniela asegura que pagarse la Seguridad Social durante un año es una de las formas más habituales por las que tienen que pasar los migrantes para conseguir su documentación. «Nosotras, como me pasó a mí, pasamos por el trabajo del hogar, pero en los hombres todavía es más duro porque están en la obra o en la naranja. Como ellos se caigan del andamio lo primero que les dicen es ‘tú no nos puedes denunciar porque como vayas a una comisaría te van a pedir los papeles y devolverte a tu país’. Nosotras, dentro de lo malo, creo que estamos un poco mejor», lamenta.

Aunque el nombre es ficticio para no desvelar su identidad, Daniela dice que hacer la entrevista le da miedo. Siente que puede estar cerrando una puerta (al fin y al cabo una puerta) para las que vienen. «Si mis compañeras y yo nos pusiéramos a denunciar con nombre y apellidos a las empleadoras al final ninguna querría hacer eso. Personalmente saldríamos bien, pero cerraríamos el acceso a las que vienen detrás para conseguir la documentación», explica.

Además, como matiza «muchas empleadoras también se la juegan y llegan un acuerdo para hacerte a ti un favor». Y dentro del abanico de posibilidades es «la más legal». Hay chicas que se dedican a engañar a hombres de forma interesada o a casarse con gente mucho más mayor que ellas. Yo al menos tenía un contrato firmado, demostré que estaba integrada y di mi fuerza de trabajo», sentencia.

Para esta inmigrante, los requisitos para acceder a la documentación son «absurdos», y plantan para muchas personas un camino lleno de dificultades, a veces, incluso insalvables por los cauces que establece la ley. «Gran parte de mi vida he trabajado pagándome yo la Seguridad Social o sin poder cotizar. O estaba buscando el arraigo o sin la documentación en regla, pero tienes que hacer tu vida. Y nunca he recibido ni una sola ayuda, ni la del bus. Son procesos que dificultan mucho», relata Daniela.

Fuente: levante-emv.com

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