| El proceso de regularización extraordinaria está siendo una locura generalizada y los errores abundan.
Cuando por fin se aprobó la Regularización Extraordinaria, después de meses de anuncios, rumores, filtraciones, “esta semana sí”, “mañana sin falta”, “ya está al caer”, muchos respiraron aliviados. Se había sudado sangre, pero finalmente se aprobó.
Nos prometieron un proceso sencillo, ágil, moderno, casi futurista. “Todo está perfectamente preparado”, decían. “Será fácil”, insistían. Y claro, uno, ingenuo, se lo creyó. Pero la realidad ha demostrado que la Regularización es como esas neveras que anuncian en televisión: muy bonitas por fuera, pero cuando las abres… no enfrían ni un yogur.
El desorden de los expedientes: la tómbola administrativa
Lo primero que ha sorprendido, y no para bien, es que los números de expediente no guardan ningún orden lógico. Uno pensaría que, si presentas el día 1, te tocará antes que al que presentó el día 10. Pero no. Aquí los expedientes van como los autobuses: llegan cuando quieren, en el orden que les da la gana y, si te descuidas, vienen dos juntos.
También estamos detectando que hay duplicidad de expedientes. Personas con dos números distintos para la misma solicitud. Una especie de “dos por uno” administrativo que nadie pidió y que nadie entiende.
Las admisiones a trámite: a cuentagotas y sin criterio aparente
Las comunicaciones de admisión a trámite llegan como si fueran cartas enviadas desde 1950: lentas, irregulares y sin patrón alguno. Quien presentó después ya tiene la suya. Quien presentó antes sigue mirando compulsivamente el buzón electrónico, como si fuera a aparecer por arte de magia.
Y cuando por fin llega la ansiada admisión a trámite, aparece la frase estrella: “En unos días recibirá su número de afiliación social.”Días que ya van camino de convertirse en semanas. Semanas que pronto serán meses. Y el número… bien, gracias.
Errores que ni las máquinas deberían cometer
Pero lo mejor, o lo peor, llega con los requerimientos. Ahí es donde la ironía se convierte en tragicomedia.
- Domicilios que no se parecen en nada al que se presentó.
- Calles inventadas.
- Códigos postales que parecen sacados de otro planeta.
- Y, para rematar, nombres y apellidos cambiados, como si el sistema hubiera decidido reinventar la identidad del solicitante.
Uno pensaría que, estando todo informatizado, el margen de error humano sería mínimo. Pero resulta que las máquinas también se equivocan. O quizá no son las máquinas, sino quienes las programan.
Mira estas imágenes con errores como los que hemos comentado.
Un proceso extraordinario… por las razones equivocadas
La Regularización se vendió como un proceso histórico, eficiente, moderno. Y lo es, sí: histórico por lo que costó aprobarla, eficiente en generar confusión y moderno en la forma en que desordena todo sin necesidad de papel.



